¿Debemos educar a los niños desde pequeños a tener tolerancia a la frustración?

En primer lugar es importante definir qué es la frustración. La frustración es un sentimiento que surge cuando no logramos conseguir nuestros deseos. Ante este tipo de situaciones, la persona suele reaccionar a nivel emocional con expresiones de ira, de ansiedad o disforia, principalmente.

El origen de la problemática no se encuentra en las situaciones externas en sí mismas, sino en la forma en la que el niño las afronta.


Educar a los niños con baja tolerancia a la frustración

Es fundamental enseñar a nuestros hijos a tolerar la frustración desde pequeños, a afrontar esas situaciones en que no consiguen lo que quieren, aunque eso signifique que de vez que veamos a nuestro hijo "sufrir". Pero ese sufrimiento es pasajero y muy poco comparado con el que puede sentir cuando se enfrente él sólo a los "NO" o a los problemas de la vida y no tenga a nadie que le "alivie".

Durante la infancia, los niños piensan que el mundo gira alrededor de ellos, que el mundo existe porque ellos existen, son egocéntricos, (es evolutivo), no saben esperar, (no tienen aún desarrollado el concepto del tiempo), y les cuesta mucho pensar en los demás y sus necesidades.

Los niños cuando son pequeños, quieren todo y lo quieren ya... y si no se lo damos, lloran, se enfadan, tienen rabietas... se frustran al no conseguir sus deseos.

Perfil de los niños con baja tolerancia a la frustración
Por lo general, los niños que no consigue enfrentarse positivamente a la frustración poseen un perfil así de aproximado:

- Son niños exigentes y demandantes.

- Buscan satisfacer sus necesidades en forma inmediata, por lo que frente a la espera o postergación de sus necesidades suelen presentar pataletas y llanto fácil.

- Les cuesta manejar las emociones.

- Más impulsivos e impacientes.

- Pueden desarrollar con más facilidad que otros niños problemas de ansiedad.

- Son poco flexibles y les cuesta adaptarse a las situaciones nuevas o que no son como se esperan.

Cómo enseñar al niño a tolerar la frustración 
A manejar y tolerar la frustración se aprende desde pequeño, y depende en gran medida de lo que los padres hagamos.

Cuando un niño presenta baja tolerancia a la frustración, en parte será debido a los aprendizajes que haya tenido y en parte a su carácter. Por eso es fundamental tener claro como padres, que la frustración es un 'mal necesario' y que los niños tienen que saber gestionarlo.

Si el niño consigue siempre o casi siempre lo que quiere cuando lo pide, o tras una rabieta obtiene lo que deseaba o se libra de lo que no quería, o si le evitamos cualquier tipo de sufrimiento, (por que nos da pensar verle pasarlo mal, porque no queremos que sufra, o por no escucharle más...) no le enseñamos a manejar sus emociones y mucho menos sus conductas.

Por esto es fundamental enseñar a los niños a tolerar la frustración desde pequeños y para ello los padres debemos tener claras una serie pautas:

- Las normas y límites son fundamentales y han de cumplirse con tranquilidad pero con firmeza.

- El NO, aunque frustre a los pequeños, es necesario.

- Aprender a gestionar las rabietas cuando se produzcan, y no ceder ante ellas.

- Tener muy claro que la frustración es inevitable en la vida, y que si los pequeños no aprenden a manejarla y aceptarla, en su vida adulta les costará mucho más.

Si nos encontramos con que nuestro hijo es un niño con baja tolerancia a la frustración, como padres podemos reconducir esa situación, podemos reeducar al niño para que poco a poco aprenda a manejarla.

- Primero debemos analizar qué ha podido llevar a esa situación, (¿normas y límites poco claros?, ¿carácter?) y comenzar a cambiar lo que sea necesario.

- Ayudar al niño a diferenciar entre sus deseos y necesidades, ayudándole a entender que no siempre se puede tener lo que se quiere cuando se desea.

- Enseñarle a tolerar la demora del refuerzo o de conseguir lo que quiere. Si me pide algo, no dárselo inmediatamente, sino cuando pueda o yo como adulto considere oportuno y explicarle en qué momento lo tendrá, o por qué no lo tendrá.

- Cuando el niño se frustre, ayúdele a entender lo que le pasa. De donde viene su tristeza o su enfado, y que exprese con palabras lo que le ocurra.

- Establece y pon normas, límites y rutinas claros y acordes a la edad de los niños.

En el caso en que la situación nos desborde, acudir a un profesional que nos guíe y nos oriente siempre es la mejor opción. Nos ayudará a analizar la situación y nos ayudará en el proceso.

¿Conoces alguna forma de decirle NO a un niño sin que lo sienta como un regaño?

Crees que se puede decir no a los niños de forma positiva?, ¿Decirles no sin pronunciar el NO? Te demostraré que, no sólo es posible, sino que además se obtienen más y mejores resultados en los niños.

Si la palabra NO forma parte de tu vocabulario diario, si crees que en un día se la has dicho a tus hijos más de 20 veces y, si ahora son tus hijos los que constantemente dicen NO... quizás sea el momento de encontrar otras formas de decir NO a los niños de forma positiva. ¡Es posible!


Las madres y padres, tendemos a utilizar el NO con los niños de forma constante: no te subas al columpio, no abras ese cajón, no dejes nada en el plato, no subas, no bajes, no entres, no salgas... Es un constante e incesante devenir de noes por aquí y noes por allá. ¿Acaso es raro que nuestros hijos pasen por la etapa del NO con este despliegue nuestro?

La realidad es que demasiados noes transmitirán un mensaje negativo a nuestros hijos, de la misma manera que los padres que dicen SÍ a todo a sus hijos, podrían ser responsables de conductas de niño tirano o incluso de su frustración si un buen día les dicen un solo NO.

Lo ideal es que exista un balance entre el sí y el no, o mejor aun, que aprendamos a decir No a los niños de forma positiva, es decir, sin pronunciar la palabra NO.

Y es que, decir no a los niños sin decir no es algo posible, y además mucho más beneficioso para ellos. ¿Por qué? Así los niños entenderán y comprenderán mejor el sentido de las normas que ponemos, serán más responsables para conocer que los actos tienen consecuencias, actuarán de forma más autónoma, tendrá una mejor autoestima, habrá más armonía en casa, mejorarán sus habilidades y descubrirán sus capacidades evitando berrinches, rabietas, gritos y enfados.

Ideas para decir No a los niños de forma positiva
La tabla que te mostramos arriba contiene algunos ejemplos de cómo simplemente cambiando el lenguaje, expresas lo mismo, en definitiva, pedirle al niño que no haga algo o decirle que nosotros no podemos hacer algo.

Si empleamos el NO constantemente como: no puedo jugar contigo, no puedes ir al parque, no cojas la tablet o no pegues a tu hermano; el mensaje es negativo y además estamos abusando del NO y con ello corremos el riesgo de que no nos hagan caso.

Puedes guardar el NO para algo realmente importante, algo que suponga un peligro para tu hijo, como cruzar la calle sin ir de la mano, o asomarse a la ventana y para el resto de las cosas utilizar fórmulas positivas. De esta manera, podemos cambiar el mensaje diciéndoles, qué te parece si jugamos después de hacer las camas; hoy en vez de ir al parque, vamos a organizar un juego muy divertido en casa; cuando termines tus tareas, podrás coger la tablet; si pegas a tu hermano, no querrá jugar contigo. 

No se trata de no negarle al niño cosas, de hecho los padres debemos hacerlo para aplicar disciplina, imponer normas, reforzar el carácter del niño, en definitiva, para educarle. Sin embargo, cuando lo decimos 20 veces, pierde todo el significado. Para decir no a los niños de forma positiva podemos: 

- Sugerir otra cosa que puede hacer: si no podemos ir al parque, podemos cocinar en casa, jugar a juegos de mesa, pintar...

- Posponer la petición hasta que realice: si en ese momento no se puede llevar a cabo lo que quiere o estamos ocupados, podemos dejarlo para otro momento, pero hemos de recordar cumplirlo.

- Explicarle qué ocurrirá si hace lo que quiere: si pega a su hermano, si rompe los juguetes, si se asoma a la ventana, puede haber consecuencias, debemos explicarlas.

- Aclararle las normas: antes de que llegue el momento de decirle no a las chucherías, no a saltar charcos o no a ver más tiempo televisión, tenemos que contarles qué normas tenemos en casa y por qué. De esta manera, ellos anticiparán la respuesta.

¿Cómo fomentar el valor del esfuerzo en los niños?

El esfuerzo a la hora de enfrentarse a los problemas y de conseguir objetivos dará a tus hijos muchas satisfacciones.

Ser perseverantes en lo que hacemos es lo que nos hace poder cumplir nuestras metas, y para ello debemos incentivar a nuestros hijos a esforzarse en cada cosa que hacen, ya que eso les dará a la larga muchas compensaciones.


El esfuerzo convertirá a nuestros hijos en adultos fuertes, seguros de sí mismos y con capacidad de supervivencia, muy lejos de ser unos adultos caprichosos e incapaces de cumplir sus objetivos.

Esforzarse en las pequeñas cosas cotidianas es el primer paso para conseguir que nuestros hijos tengan éxito en todo lo que se propongan.

Te enseñamos a fomentar el valor del esfuerzo en los niños 


Cuando se trata de educar a nuestros hijos puede que nos de pena ver cómo tiene que dejar de hacer cosas que les gustan, como jugar, para ponerse a hacer otras tareas menos gratificantes como son los deberes, ayudar en casa o recoger la habitación.

Sin embargo, el esfuerzo que realizan se verá recompensado con creces en su interior, ya que con este esfuerzo ellos podrán sentirse más orgullosos de sí mismos, más seguros y verán como pueden conseguir todo lo que desean.

¿Qué contiene la leche materna que estimula el cerebro del bebé?

Leche materna: el estímulo ideal para el cerebro de tu bebé

Los beneficios de la leche materna para alimentar al bebé son tantos, que son incuestionables. Pero, ¿sabías que entre los beneficios ayuda a desarrollar todo el potencial físico y cognitivo del bebé? Sabiendo que en los primeros años de vida, desarrollamos hasta al 80% de nuestras capacidades cognitivas, la leche materna supone el estimulo ideal para el desarrollo del cerebro del bebé.


Qué contiene la leche materna que estimula el cerebro del bebé
A medida que el bebé crece, va alcanzando logros y metas que le permiten seguir evolucionando y pasar a otras etapas de su aprendizaje. Las madres podemos reconocer perfectamente los avances: veremos cómo se concentran en un objeto específico con una enorme concentración, cómo reconocen su entorno, a sus padres o las partes de su cuerpo. El desarrollo cognivo de un bebé pasa por una serie de pequeños hitos que marcan su crecimiento y, en cierta medida, sus capacidades fututras.
Para que pueda alcanzarlas, que tenga una buena alimentación es fundamental y, no hay mejor alimentación para el bebé que la leche materna. 

La OMS y las sociedades científicas más relevantes recomiendan, por lo tanto, la alimentación del bebé con leche materna durante los primeros 6 meses en exclusiva y, mantenerla hasta los 2 años en combinación con otros alimentos. 

La leche materna mejora el proceso cognitivo y fomenta la capacidad cerebral del bebé pero, ¿qué significa esto? El desarrollo cognitivo no es otra cosa que el proceso por el cual el cerebro desarrolla las capacidades y habilidades de aprender e implica cuestiones como la atención, la percepción, la memoria o el lenguaje. 

¿Y cómo es posible que la leche materna participe en el proceso cognitivo de un bebé? Estos son los nutrientes que contiene y que lo facilita: 


- Cada gotita de grasa de la leche materna está recubierta por una membrana denominada MFGM, esta membrana posee nutrientes básicos para estimular el desarrollo mental y el sistema inmunológico de los niños desde su nacimiento. 

- DHA: es el ácido docosahexanoeico, un ácido graso poliinsaturado de la familia de los omega 3, por lo tanto fundamental para el desarrollo del sistema nervioso central del bebé. Cuando el bebé toma leche de su madre, el DHA pasa a formar parte de la materia gris y la sustancia blanca del cerebro. También contribuye a la formación de la función visual.

- Ácido alfa linolénico (ALA), también forma parte de la leche materna y es imprescindible para el crecimiento y reparación de las células. Asimismo, participa en la regulación de la presión arterial y la coagulación sanguínea.

- Vitamina C: una vitamina esencial durante todas las etapas de la vida pero que en la infancia cobra más importancia ya que el bebé la necesita para fortalecer los huesos, los cartílagos, los músculos y los vasos sanguíneos. También es necesaria para absorber el hierro. 

- Hierro: Aunque la cantidad en la leche materna no es muy alta, se absorbe muy bien. Hasta los 5 años, los niños es fácil que sufran anemia ferropénica, por lo tanto es importante mantener un buen nivel de hierro en el organismo. 


No obstante, en caso de que no sea posible la lactancia materna por cualquier motivo, existen fórmulas infantiles reforzadas con todos los nutrientes referidos que pueden ser una alternativa muy válida para la alimentación de tu bebé. Estas fórmulas infantiles han de estar respaldadas por trabajos sólidos de investigación basado en evidencias científicas y contar con todas las garantías.

¿Sabes cómo puedes controlar el carácter de tus hijos?

7 frases que nunca debes decir a un niño enfadado

Las frases que menos ayudan a tu hijo cuando siente ira o enfado

¿Cómo lidiar con un torbellino? ¿Te enfrentarías a él o esperarías a que pasara de largo? Lo mismo ocurre con las rabietas y enfados de los niños. En realidad, un niño enfadado es como un torbellino, incapaz de controlar sus emociones. Si te expones a él, estás perdido; si lo intentas detener... seguramente, también. 

Existen palabras capaz de generar muchas emociones, de suavizarlas... o empeorar la situación. Si intentas frenar un torbellino-enfado infantil con alguna palabra inadecuada, el torbellino se tornará huracán. Te decimos qué frases no debes decirle nunca a un niño enfadado. Por tu propio bien... y el suyo. 


Las 7 frases que nunca debes decirle a un niño enfadado si no quieres empeorar la situación

Las palabras duelen. También sanan. Así que aprender a utilizarlas de forma adecuada es todo un arte y por supuesto, una necesidad. 

De hecho, hay palabras tan destructivas (o más) como un puñetazo. Así que lo mejor será que aprendamos a controlarlas. Aquí tienes una lista que nunca debes decir a un niño enfadado, si realmente quieres ayudarle a manejar su ira: 

1. ¡No te enfades que no tienes motivo! Bueno, puede que para nosotros 'su' motivo sea una nimiedad, pero para él es importante. Su mundo es diferente y su escala de valores también. En lugar de hacerle pensar que sus cosas no sirven para nada, puedes ayudarle a canalizar su enfado. 

2. ¡Deja de tirar cosas! El primer impulso, ante ese pequeño torbellino que empieza a tirarlo todo con furia es prohibir que lo haga. Pero el niño en ese momento entenderá la prohibición como otra amenaza más, y lo más seguro es que su enfado crezca. 

3. ¡Ni se te ocurra pegar a nadie! Si en medio del enfado el niño comienza a dar golpes, es normal que intentes frenarle. Todo tiene un límite y su enfado los ha rebasado con creces. Sin embargo, esa frase suena amenazante y violenta. Y ya sabes que la violencia con violencia no son buenas compañeras. Puedes intentar explicarle esto sin gritar, con seriedad pero sin amenazas. Explícale que no se pega, que todos nos enfadamos pero nunca se pega.

4. ¡Deja la rabieta ya de una vez y haz ya lo que te digo! Muy bien, al niño le quedará claro que tienes cero empatía, que no entiendes por qué está enfadado y que además no piensas ayudarle. En ese momento puede que la rabieta aumente y los gritos sean aún más estridentes. Recuerda empezar siempre las frases con un 'Sé que estás enfadado, te entiendo..' para después explicarle por qué debe frenar su enfado.

5. ¡Los mayores no. lloran, deja de llorar! Estarás de acuerdo en que eso es una gran mentira. ¿Para qué mentir acerca de las emociones? El niño pensará que las emociones no deben exteriorizarse, que debe 'ahogarlas' y por tanto, sacrificarse y sentir una intensa angustia y dolor por dentro antes de exteriorizar nada.

6. ¡Deja de quejarte! De nuevo le estamos indicando al niño que hace mal, que no debe expresar su enfado. En lugar de eso, deberíamos enseñarle otra forma de quejarse.

7. ¡Eres imposible! o bien ¡Eres un monstruo! Lo que tu hijo necesita en un momento de ira incontrolable es comprensión, no una crítica destructiva de este tipo. Al final, terminará creyendo que es verdad, que no y tiene solución, y esto no hará más que empeorar la situación.

Consejos para ayudar a tu hijo a canalizar su ira
En realidad, cuando estamos enfadados, lo que realmente nos ayuda a liberarnos es expulsar todo lo que llevamos dentro, ¿verdad? Por eso, lo mejor es no poner obstáculos a esa rabia que llevamos dentro.

En el caso de los niños, pasa lo mismo. ¿Por qué no pruebas con estos consejos para ayudar a tu hijo en caso de berrinche o enfado? Prueba con ellos antes de soltar frases destructivas como 'me estás avergonzando' o 'eres un demonio':

1. Usa un grito de guerra. Sí, gritar nos ayuda a liberar el enfado. Tal vez porque es como un gesto liberador. Tenemos algo que nos hace sentir muy mal y lo expulsamos. Puedes buscar un grito de guerra y enseñar a tu hijo a usarlo cada vez que se sienta muy enfadado. Gritos de guerra como '¡No podrá conmigo!', puede que le sirvan de gran ayuda.

2. Haz que vea todo desde otra perspectiva. Cuando tu hijo comienza tirar todo en un ataque de ira, puede que en lugar de gritarle, lo que realmente le ayude es que le hagas pensar... ¿por qué está haciendo eso? Si le dices: ¿ya no te gustan esas cosas? ¿Las tiras porque ya no las quieres?, se quedará tan sorprendido, que tal vez pare, recapacite y deje pasar el tiempo y con él, el enfado.

3. No dejes que atraviese ciertos límites. Por ejemplo, si pega a otro niño en medio de un ataque de ira, es algo que no puedes permitir. Establece muy bien ese límite porque si no la ira de tu hijo le absorberá por completo. Recuerda no apartarle gritándole o lo peor, pegándole, sino diciéndole con la voz firme que puede estar enfadado pero no pegar, nunca pegar.

4. Muestra empatía. El niño, cuando se siente comprendido y apoyado, se siente más seguro, más calmado. A muchos niños les basta un gesto de comprensión por parte de sus padres para abrirse a 'negociar' y a comprender por qué no debe portarse así. 

5. Dejar que exprese sus emociones. Intentar frenar una emoción es como si intentas frenar una ola gigante. Al final, morirás ahogado. Cuando pedimos a un niño que no exteriorice sus emociones, es como si le pidiéramos que intentara frenar una ola gigante. ¿No será mejor dejar que salga pero de tal forma que no haga daño a nadie? Eso se consigue ayudando a nuestro hijo a canalizar bien sus emociones. 

6. Enséñale formas de canalizar su ira. El dibujo, la respiración, la música... existen muchas formas de ayudarnos a expresar las emociones sin que éstas dañen a nadie. ¿Qué tal si ayudas a tu hijo a encontrar el método que mejor le vaya?

Cómo aficionar a tu hijo al deporte

El deporte es un gran complemento en el desarrollo de los niños. Es una actividad lúdica que le aporta numerosos beneficios. Así, practicar deporte asegura que el pequeño goce de buena salud, le hace sentir bien, le hace proporciona energía para realizar otras actividades y aumenta su capacidad de análisis y concentración.

6 consejos para aficionar a tu hijo al deporte

El entorno que rodea al niño ejerce gran influencia en todos los ámbitos de su desarrollo. El niño irá moldeando su manera de comportarse a través del influjo que ejercen las personas que tiene al rededor.


Así, para aficionar al niño al deporte es preciso seguir algunos consejos:

1. Dar ejemplo. Los niños aprenden mediante modelado e imitación, siendo los progenitores su principal referencia. Por lo tanto, si los hijos observan y hacen los que ven hacer a sus padres será mucho más fácil que se aficione al deporte.

2. Jugar con el niño. Debido al carácter lúdico del deporte la mejor manera de ayudar al pequeño a que se aficione por un deporte es jugar con él. Así, hay que aprovechar cualquier instante para saltar, correr, “hacer la croqueta” y hacer cualquier actividad que implique practicar las destrezas básicas de movimiento mientras se divierten.


3. Dejar elegir al niño. El hecho de que el niño pueda elegir qué actividad hacer y cuando empezar a hacerla, causa que el niño sea más propenso a hace deporte y que disfrute de ello. Si el pequeño hace las cosas por placer o diversión, en vez de por obligación, será mucho más eficaz.

4. El entrenador influye. El entrenador será el referente y el ejemplo en el que el niño se fija fuera de casa y en cuanto al deporte se refiere. Será importante la relación existente entre ambos para que el niño disfrute de la actividad y se aficione.

5. Los deportes de equipo son el mejor incentivo. Si el niño disfruta del deporte por su carácter lúdico y, además lo hace en compañía de sus amigos será mucho mejor. Hacer deporte en grupo motiva mucho más a los pequeños ya que les permite relacionarse socialmente. Algo muy importante a partir de los 8 años.

6. Acompañar al niño. Los padres deben tener un papel activo. Además de ser ejemplo les deben motivar para que se esfuercen y facilitarles el que puedan ir a entrenar y a los partidos. Además es importante que los pequeños vean que los padres se interesan por lo que hacen y que es algo importante.

La importancia del juego para aficionar  tu hijo al deporte
La razón por la que muchos niños hagan deporte es por su carácter lúdico. De hecho, muchos niños comienzan a moverse y desarrollar destrezas básicas como correr o saltar en cuanto pueden jugando a los típicos juegos tradicionales. De este modo, el pequeño se irá aficionando y continuará con este tipo de actividad. A medida que pasa el tiempo, si el pequeño se divierte, ese juego va evolucionando hacia la práctica de un deporte más específico.

El problema es que no todos los niños son iguales y, por eso, no todos tienen esa predisposición a moverse, jugar y, por tanto, a practicar ni aficionarse a un deporte. Así, el entorno del niño como la familia o las amistades del niño serán muy influyentes y claves para que el niño se comience y se aficione al deporte.

¡Dale las herramientas necesarias a tus hijos para que nunca se rindan!

El fracaso es parte de la vida; desde ahí aprendemos y desde ahí nos volvemos más fuertes. Los bebés parecen tenerlo muy claro: se mantienen permanentemente enfocados en su objetivo, trabajan duro para conseguirlo, desafían continuamente los obstáculos, son persistentes (se mantienen intentando una y otra vez no importando cuantas veces fallen); luchadores incansables, no se detienen hasta que lo consiguen y entonces… aparece una nueva meta y el ciclo se repite….Y en solo un año pasan tantas cosas!. Si no fuera de esa forma, un bebé jamás lograría gatear, caminar o hablar, por ejemplo.


Desafortunadamente a medida que crecemos parecemos ir perdiendo esa maravillosa capacidad de enfrentar el fracaso y seguir intentando ignorando la frustración que nos genera. Pronto nos damos cuenta de que hay seres maravillosos que están dispuestos a cualquier cosa por ayudarnos a lograr lo que deseamos tratando de que no tengamos que esforzarnos demasiado ni lidiar durante mucho tiempo con las emociones negativas que nos trae la derrota. ¿Cómo hacemos para enseñar a nuestro hijo que debe seguir apostando por el esfuerzo? Te decimos cómo enseñar a los niños a no rendirse.

6 consejos para enseñar a los niños a no rendirse
Enseñar a los niños a no rendirse

Entonces de pronto ese bebé invencible se convierte en un niño que se resiste a volverse a subir a la bicicleta después de la primera caída. Obviamente hay muchas variables que influyen en nuestra forma de ir enfrentando el fracaso a medida que crecemos como nuestro propio temperamento, nuestras experiencias y especialmente la forma en que nuestros padres, maestros de vida, nos alientan en esos momentos a seguir intentando o nos consuelan y cambian la actividad por algo menos retador.

A continuación, algunos consejos para ayudar a nuestros hijos a volver a ser aquellos bebés incansables que no se dejaban derrotar tan fácilmente:

1. Déjalo hacer las cosas por sí solo: Es importante mantenernos cerca y alentarlos a hacer por primera vez aquellas cosas que les causan temor o incertidumbre. Déjales pensar, idear y resolver solos las situaciones que sean posibles, trata de no sobreprotegerlos ni ahorrarles esfuerzo. Entre más problemas tengan que resolver y nuevas situaciones afrontar, mejores habilidades de logro y de tolerancia a la frustración desarrollarán.

2. Enséñales con el ejemplo: Si nosotros tenemos dificultad en manejar nuestras emociones ante el fracaso, nos frustramos terriblemente cuando algo no sale como esperamos y abandonamos el objetivo, ese será el patrón que nuestros hijos seguirán no importa cuánto les tratemos de explicar lo contrario. Ellos aprenden de nuestro ejemplo, no sólo de nuestras palabras.

3. Ayúdale a desarrollar su “tolerancia al esfuerzo”: Es importante ayudarles a entender la relación entre el esfuerzo y los buenos resultados. Cuando se trate de un objetivo ambicioso, ayúdale a alcanzarlo a través de pequeñas metas que sean realistas y que irán dándole seguridad. Aliéntalo a seguir, aunque haya fallado y celebra con él los pequeños triunfos.

4. Enséñale a descubrir las enseñanzas de los fracasos: Cuando esté frustrado o triste porque algo no resultó como esperaba ayúdale a descubrir las pequeñas lecciones que le dejó este intento. Por ejemplo, si tuvo una mala nota en un examen ayúdale a analizar el tipo de errores que cometió y a ver esto como algo que le ayudará mucho la próxima vez.

5. Déjalo que se frustre: Aunque detestamos ver a nuestros hijos tristes o enojados, no por eso debemos ceder ante todos sus deseos. Esto solo hace que la próxima vez ante una situación similar su reacción sea más intensa y su frustración mayor. 

6. Ayúdale a ver los fracasos de forma distinta: Si desde que son pequeñitos les hacemos ver a través de cuentos, anécdotas y de sus propias experiencias que es “normal” equivocarse, que para lograr hacer algo difícil hay que recorrer un camino y realizar una serie de intentos de los que se va aprendiendo, ayudaremos a que tengan una mucho mejor forma de enfrentar el fracaso y perseverar.  Si nos dice llorando “no puedo”, debemos contestarle tranquilamente que esta vez no ha salido bien (y puede que tenga que intentarlo muchas más), que es normal y debe tener paciencia, pero que si sigue intentando pronto lo conseguirá.

Hay muchas historias que nos pueden servir para ilustrarles a nuestros hijos la forma en que el fracaso es parte de la vida y cómo debemos enfrentarlo. ¡Podríamos empezar por enseñarles sus fotos de bebes y contarles su propia historia!

¡Ayuda a tus hijos a ser más seguros!

Diferencias entre miedo y ansiedad en los niños

No es lo mismo un niño con miedo que un niño con ansiedad

Muchas veces las palabras miedo y ansiedad se utilizan como si fuesen sinónimos, pero en realidad son dos términos completamente distintos. ¿Quieres saber las diferencias entre ambos y cómo pueden afectar a tus hijos? Te explicamos en qué se distinguen, cuáles son las principales diferencias entre miedo y ansiedad en los niños.

Por qué los niños sienten miedo

El miedo es un sentimiento ancestral que nos pone en alerta de un peligro inminente. El miedo, lejos de ser algo negativo, es un sentimiento que nos protege. El objetivo del miedo es la supervivencia. Desde las cavernas, el miedo ha servido para que el hombre se pueda defender de distintas amenazas como el ataque de una fiera. De hecho, el miedo nos prepara para la parálisis, la huida o la lucha.
Cuando sentimos miedo liberamos la hormona cortisol que aumenta la presión sanguínea y la glucosa en la sangre y convierte los ácidos grasos en energía preparando a los músculos del cuerpo para la reacción. Aumenta la acción de nuestro corazón y pulmones para que podamos correr y respirar mejor. La adrenalina que liberamos nos ayudaría si tuviéramos que defendernos.
Por eso, no te inquietes porque tus hijos sientan miedo. Lo preocupante sería que no lo sintieran. Imagínate que viajáis a un lugar donde hay unos acantilados con una caída de 30 metros. Si tu hijo no tuviera miedo no se pararía al llegar al borde del precipicio. Su miedo le hace ser precavido ante una situación de peligro.
Estos son algunos de los miedos más comunes en la infancia:
- Miedo a la separación de la madre o del padre.
- Miedo a los extraños.
- Miedo a los ruidos fuertes.
- Miedo a las alturas.
- Miedo a dormir solos y a la oscuridad.
- Miedo a los payasos y a la gente disfrazada.
- Miedo a las catástrofes.
- Miedo a los seres imaginarios (fantasmas, etc.).
- Miedo al ridículo y a la desaprobación de los demás.
- Miedo a la muerte.

Todos estos miedos son frecuentes, se producen de manera transitoria y se modulan con la experiencia. Si persisten a medida que los hijos van creciendo debemos tomar alguna decisión. Es decir, si un niño con 14 años no puede dormir solo, deberíamos consultarlo con el pediatra porque puede que nos hallemos ante un trastorno de ansiedad que requiera atención psicológica.
Qué es la ansiedad en los niños
La ansiedad no es algo tan concreto, sino que depende de cada persona. Es un sentimiento más subjetivo cuyas causas no están tan claras como en el caso del miedo. A veces sentimos ansiedad y no sabemos por qué. Ante la ansiedad podemos experimentar intranquilidad, estrés y nervios, que se acompañan de síntomas fisiológicos como taquicardia, dificultades para respirar, sudores o temblores.
Además, la ansiedad se experimenta ante algo que podemos sentir como amenaza en un futuro, no en el momento presente, como pasa con el miedo.
Diferencias entre miedo y ansiedad en los niños

Podríamos decir entonces que el miedo lo provoca una causa concreta y lo sentimos en el aquí y en el ahora y sin embargo la ansiedad es algo abstracto, que no alcanzamos a definir y puede responder a algo que nos preocupa en nuestro futuro.
En el cerebro también hay diferencias a la hora de percibir uno de los dos sentimientos.
- El miedo se experimenta en la amígdala y ocurre en el circuito corto porque requiere una respuesta rápida y primitiva. Hay que tomar una decisión en ese preciso instante para poder sobrevivir.
- Por otro lado, la reacción de ansiedad necesita una interpretación de la información que estamos recibiendo, es decir que habrá un análisis cognitivo. Nos deja tiempo para pensar.
El tratamiento del miedo y el de la ansiedad deben hacerse con dos enfoques distintos. Ante algún miedo concreto, lo que se hace es intentar evitar que se produzca la conexión estímulo-reacción que ocurre en la amígdala. ¿Y cómo se logra esto? Pues exponiendo al niño al estímulo que provoca el miedo, de forma gradual y controlada y que se vaya acostumbrando a esa situación hasta que la normalice.
Sin embargo, si nuestro hijo ha tenido un capítulo de ansiedad hay que intentar que cambie su forma de pensar, porque no hay una causa definida y real, sino que la causa la crea el niño en su mente. Tenemos que tener en cuenta que ha habido una forma anómala de interpretar la realidad.

¡Ayuda a tus hijos a disfrutar su vida de manera más simple!

Los niños de hoy están acostumbrados a recibir continuamente estímulos que les hacen felices fugazmente, porque casi cuando llega a sus manos, empiezan a desear algo nuevo: la consola más reciente, el último videojuego, un celular, una tablet…

Sin embargo, resulta que hay miles de maravillas a su alrededor que no tienen que ver con lo material, que los hacen muy felices, pero que no tienen tan claras. Por eso, debes enseñarle a apreciarlas. ¿Cómo? Con esta estrategia para ayudar a los niños a valorar las cosas. Se llama 'La lista feliz'.


Casi siempre que les pregunto a los niños qué cosas los hacen felices, las respuestas iniciales tienen que ver con algo material, pero si les dejo pensar un poquito más y les pido que piensen en las cosas simples, esas que les hacen sentir muy bien desde que amanece hasta que se acuestan, empezamos a descubrir la magia….

Pedirles a nuestros hijos que escriban su 'lista feliz' es sumamente enriquecedor y ayudarlos cada día a descubrir nuevas cosas que ir agregando, sin duda es  muy divertido… hasta nosotros los adultos deberíamos tener nuestra propia “lista feliz”.

Aquí un ejemplo para ayudarles a arrancar una con sus hijos:


- ¿Qué me hace feliz?

1. En casa

Meterme en mi cama calientita mientras llueve afuera
Bañarme con agua caliente
Tener agua y luz (No todos son tan afortunados)
Abrazar a mi oso de peluche

2. Afuera

Ver salir el sol
Ver llover
Jugar con mi perro
Pasear en el parque
Buscar formas en las nubes
Oler una flor
Caminar descalzo en el pasto
Ver volar a los pájaros

3. Con la familia

Comer la sopa de fideos de mamá
Jugar con mamá y papá
Hacer palomitas y ver una peli en la cama todos juntos
Escuchar cuentos e historias de la abuela 

4. Individual

Armar rompecabezas
Acomodar todos mis carritos por colores
Jugar con plastilina
Oír mi canción favorita
Leer mi libro favorito
Dibujar e iluminar
Comer un chocolate o un helado
Bailar…

La lista para cada uno de nosotros tiene opciones ilimitadas; nunca se acaba, porque cada día podemos probar descubrir algo nuevo y hacerla crecer. Ayudemos a nuestros hijos a darle espacio …

Beneficios de la estrategia de 'La lista feliz' para los niños 
Pero.. ¿por qué debemos usar esta lista? ¿Cuáles son sus beneficios?

1. El más importante es que un niño, joven y hasta un adulto, puede empezar a apreciar todo aquello que le causa alegría, tranquilidad, paz, satisfacción y cualquier otro sentimiento positivo y disfrutarlo más.

2. Es un muy buen recurso para buscar alternativas cuando se sientan tristes, enojados o frustrados. Sin duda, en cualquier momento que la revisen, podrán elegir alguna alternativa que la lista les ofrece y disfrutarla para sentirse mejor.

3. Es una forma de ayudar a los niños en el proceso de conocerse a sí mismos, descubrir sus individualidades y elevar su seguridad y autoestima.

4. Apreciar las cosas simples, nos vuelve menos demandantes y más agradecidos; menos materialistas y más sencillos; menos egoístas y más compasivos y generosos… al final nos vuelve más humanos.

Y ahora que les hemos dado algunas ideas… ¿qué esperan para empezar?

¿Sabes cómo hacer feliz a tu hijo?

Tal vez nos compliquemos demasiado las cosas. Lo mismo la felicidad depende de menos factores de los que pensamos. Expertos de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos) analizaron los factores de los que dependía la felicidad y llegaron a esta conclusión: estas son las 3 claves de la felicidad de tu hijo, según un estudio científico. 

Cuáles son las 3 claves de la felicidad de tu hijo según expertos de la Universidad de Minnesota
Las claves de la felicidad


Puede que la felicidad no esté demasiado lejos. Tal vez esté, de hecho, dentro de nosotros. Eso dicen muchos libros de autoayuda, ¿no? Sin embargo, un reciente estudio de expertos de Minnesota, establece las tres claves de la felicidad de tu hijo, tres condicionantes sobre los que puedes (o no puedes) trabajar. Son estos: 

1. El 48% de la felicidad está relacionada con la genética. Sí, aquí viene la parte negativa. Si la genética le brinda a nuestro hijo una mentalidad y actitud positiva ante la vida, no hay de qué preocuparse. Pero también puede heredar la parte más negativa. Si una persona tiene tendencia a las depresiones, su hijo podría heredarlo. Si tiene tendencia a los pensamientos negativos o a la baja autoestima, también.

2. Un 40% de la felicidad tiene que ver con las experiencias vividas. Y aquí sí podemos hacer algo por mejorar la felicidad de nuestros hijo. Las vacaciones, el juego con los hijos, las metas alcanzadas, acompañarle al cine, viajar... Todas estas experiencias se graban en la memoria de nuestro hijo, y aunque no lo creas, formarán parte de su felicidad (o infelicidad si las experiencias son negativas). 


3. El 12% restante tiene que ver con... ¡los valores! Sí, los valores relacionados con la familia, el trabajo, las habilidades sociales y la fe están íntimamente ligadas a la felicidad, al menos, en una parte. Y este porcentaje sí es más moldeable por los padres.

Como ves, la mayor parte de la felicidad de nuestro hijo no está en nuestras manos, sino que le viene dado a través de la genética. Al menos es lo que defienden estos psicólogos en su estudio, elaborado a partir de la observación de 1300 gemelos. Algunos eran gemelos idénticos y otros, mellizos. La felicidad en los gemelos genéticamente idénticos era la misma, muy similar, mientras que los hermanos mellizos presentaban niveles de felicidad muy diferentes entre sí.

Después de analizar los resultados, los investigadores llegaron a la conclusión de que todos nacemos con una predisposición a ser más o menos felices. La genética nos otorga una serie de baremos, como puede ser la altura, por ejemplo. Pero los condicionantes externos podrán conseguir que desarrollemos el potencial al máximo o no. Y esos factores externos tienen que ver con las experiencias vividas (si son o no traumáticas) y los valores que sienten los cimientos de nuestra personalidad adulta.

El Dr. Lykken, responsable de este estudio, sugiere que para desarrollar la felicidad al máximo, debemos regalarnos pequeños placeres, ya que la felicidad se construye de pequeños momentos que quedan grabados en nuestro recuerdo.

La teoría de estos expertos sin embargo puede llegar a ser bastante discutible. Sobre todo porque, aunque tengamos cierta predisposición a ser de una forma u otra por vía genética, la personalidad infantil no deja de ser moldeable durante la infancia y en parte, toda la vida.

Me decanto más bien, por creer que son las experiencias, los valores y la actitud ante la vida la que puede hacer crecer la felicidad. De hecho, en contra de esta teoría, expertos de Harvard nos dieron siete puntos para mejorar nuestra felicidad. La felicidad, según ellos, está en nuestra mente, en nuestra capacidad para agradecer, en hacer ejercicio, cuidar a los amigos, simplificar los problemas, meditar, permitirse fallar sin remordimientos y mantenerse fiel a sus ideas. 

¿Qué alimentos deben comer los niños?

La merienda es una de las comidas fundamentales en la dieta del niño y se realiza entre la comida y la cena. Es importante no saltarse la merienda porque ayuda a mantener los niveles de azúcar en sangre.


¿Cómo debe ser una merienda nutritiva para los niños? La autora de los Consejos de Nutrinanny, Lucía Bultó, nos indica qué alimentos debe incluir.



¿Por qué no debemos escondernos de nuestros hijos si lloramos?


"¿Qué te pasa en los ojos mamá?"... "Uy, es que estoy con la alergia y los tengo irritados". Los padres recurrimos a dar excusas o a inventar historias para no demostrar la realidad: los padres y las madres también lloramos.

Intentamos ocultar las lágrimas y con ellas que nuestra emoción es de tristeza pero, en realidad, nos equivocamos al hacerlo, no deberíamos escondernos de nuestros hijos si lloramos.

Los padres y madres no debemos escondernos de nuestros hijos si lloramos

Llorar delante de los hijos


Las tristeza es una emoción como cualquier otra, nuestros hijos están acostumbrados a vernos demostrar otras emociones básicas: ira, miedo, angustia, alegría, asco pero... ¿por qué razón intentamos ocultar la tristeza?

La respuesta es bien sencilla, la mayor parte de las veces intentamos no preocuparles, "aguantamos el tipo" para que no piensen que algo va mal o para no cargarles con problemas. Otras veces lo hacemos casi sin darnos cuenta, para que piensen que somos invencibles, que podemos con todo.

¿Quién no ha llorado a escondidas alguna vez? Lo mío, cuando nació mi tercer hijo y no tenía tiempo ni para mirarme al espejo, era la ducha. Escondida en el baño y bajo el agua para que no me oyeran sollozar, echaba toda la tensión, el cansancio y la frustración acumulada y salía con una sonrisa de oreja a oreja para seguir con el día a día. Así ninguno se percataba de que estaba superada por la situación.

Sin embargo, un buen día, una llamada de teléfono fue portadora de una mala noticia y, no pude evitarlo, delante de mis hijos, me desmoroné. Entre hipos, lágrimas y voz temblorosa intentaba decirles que estaba bien, pero ellos, lejos de asustarse, se acercaron, me abrazaron y... ¡me consolaron!

Aquel día me di cuenta, no solamente que mis hijos eran aun más maravillosos, sino que verme llorar era bueno para ellos, les estaba enseñando que todos somos vulnerables, todos tenemos malos momentos, que la tristeza y las lágrimas forman parte de las emociones y sentimientos que tiene una persona y que, si no hay miedo para mostrarse feliz o enfadada, ¿por qué ha de haberlo para mostrarse emocionada?

Los niños han de aprender que los padres somos igual que ellos, pero con unos cuántos kilómetros a nuestras espaldas. No somos infalibles ni perfectos, tenemos emociones, nos equivocamos, hemos de pedir perdón y sí, también lloramos.

Por qué debemos educar en las emociones a los niños
La educación emocional es tan importante como aprender a multiplicar, a poner bien los acentos o a saber ubicar los distintos países en un mapa. Si tenemos un programa para enseñar a los niños a hacer sus tareas y a ir aprendiendo un poquito más cada día, ¿por qué no tenemos un programa de educación emocional?

Educar las emociones de los niños tienen un efecto muy positivo e influye en su desarrollo psicológico, en las relaciones con los demás, en su conducta y sí, también en su rendimiento escolar.

Debemos, además de enseñar a los niños a atarse los zapatos, a entender las emociones: la alegría, la ira, el miedo, la angustia, la tristeza o el asco. De esta forma estamos fomentando la inteligencia emocional, en este sentido los padres debemos enseñarles:

- A conocer sus propias emociones y a detectar también las de los demás.

- A comprender qué les está ocurriendo y por qué les sucede.

- Aprender que, conocer sus emociones y las de los demás, facilita su forma de comportarse y su relación con los demás.

- Lo más importante, aprender a gestionarlas, a canalizarlas y a dominarlas.

¿En qué consiste el aprendizaje vicario para los niños?

Alguna vez oíste hablar del aprendizaje vicario? Es un sistema de educación para los niños basado en la observación. Es decir, que tú, como padre o madre, eres un modelo para tu hijo y tendrás que enseñarle mediante el ejemplo y el manejo de los refuerzos positivos. 

Te explicamos en qué consiste el aprendizaje vicario para los niños y qué críticas ha recibido este modelo.


5 características del aprendizaje vicario para los niños

Siempre hemos dicho que los padres son los mejores maestros para sus hijos. ¿Sabes por qué? Porque los niños aprenden sobre todo del ejemplo que ven en sus padres. Aprenden por observación. En esto se basa exactamente el aprendizaje vicario, un sistema educativo que se centra en dar buen ejemplo, en servir como modelo para que el niño, mediante la observación y una serie de refuerzos, lo imite.

Aquí tienes algunas características del modelo de aprendizaje vicario para los niños, propuesto por el psicólogo canadiense Albert Bandura a finales de los años 70:

1. Se trata de un aprendizaje por imitación. Los niños imitan lo que ven. A partir de ahí, tomamos conciencia de que nosotros, como padres, somos el principal referente de imitación de los niños.

2. Aprendizaje también en las relaciones sociales. Los niños, al interactuar con otros niños, observan las consecuencias a sus comportamientos. Si ven que a otro niño le felicitan por haber recogido los juguetes, él tenderá a imitarlo buscando esa misma felicitación. 

3. Motivación. El niño imitará el comportamiento de otros si se siente motivado a hacerlo. La motivación y los incentivos juegan en este estilo de educación un papel esencial.

4. Los refuerzos. Para que un niño quiera imitar un comportamiento, necesitará sentir que ha servido para algo. Esto se consigue mediante los refuerzos positivos. Felicitar a un niño por algo que hizo es de vital importancia para que sepa que realmente es el camino que debe seguir. 

5. La atención. Para que el niño observe y aprenda del ejemplo debe prestar atención y estar concentrado. Por eso, otro de los puntos fuertes en este sistema educativo es potenciar y mejorar la atención de los niños, para que puedan ser más receptivos a lo que ven.

Este sistema de aprendizaje, el aprendizaje vicario, parte de una teoría de aprendizaje social, y puede que sea una transición entre el conductismo y la psicología cognitiva. Los niños, aprenden mediante la observación que hacen de su entorno. Antes de probar, observan qué ocurre cuando otros se comportan de una u otra manera.  Esto evita muchos tropiezos y errores. Solemos decir que aprendemos de nuestros propios errores, pero de otros errores nos libramos porque ya vimos lo que sucedía en otros. 

En definitiva, según la teoría del aprendizaje vicario, los niños aprenden de 'modelos' educativos (que pueden ser sus padres, profesores, familiares...). Y no solo aprenden conductas a imitar, sino aquellas que no les reportarán ningún beneficios. También aprenderán roles de género y determinados valores que le servirán a lo largo de toda su vida. Además, los niños tenderán a imitar más el ejemplo de aquellos con quien se identifican más. Según esta teoría, los niños tienden a imitar más el ejemplo de su padre y las niñas a imitar el ejemplo de sus madres.

Las críticas al aprendizaje vicario de los niños
Este tipo de aprendizaje cree en los castigos como forma de modelar la conducta de los niños, y en la relevancia del ejemplo de las personas más cercanas a él. Sin embargo, se presentan muchas lagunas. No todos los niños que tiene un padre violento tienen que ser de mayores violentos. Y sin embargo, de familias modélicas pueden surgir niños agresivos. 

La teoría del vicario deja bastante apartado un tema esencial en el aprendizaje de los niños: las emociones. La inteligencia emocional juega un papel esencial en el desarrollo de los niños. No solo imitan lo que ven, sino que interiorizan ciertos sentimientos y emociones y las canalizan de muy diversas maneras. 

Otra de las críticas que recibe este aprendizaje es el uso de castigos para demostrar a un niño por qué no debe volver a repetir un comportamiento. Muchos otros psicólogos han demostrado que los castigos no funcionan, ya que el niño lo único que piensa es que es 'malo', no que ha hecho algo mal.

¿Cuándo se deben poner límites a los más pequeños del hogar?

Los dos años... ¡los terribles dos años! Todos hemos pasado por eso, aunque no nos acordemos. Es esa edad en la que el bebé deja de ser bebé, pero no quiere ni sabe hacerlo. De pronto descubre que puede decir No y que puede intentar salirse con la suya a golpe de rabieta... aunque no siempre lo consigue, y un sentimiento de frustración y rabia se apodera de él.

Esta edad, dicen los psicólogos, es similar a la de la preadolescencia, etapa en la que el niño dice un adiós sin retorno a la infancia. Una etapa de maduración, compleja y exigente. Pero no perdamos los nervios. Aquí encontrarás fantásticos consejos de cómo poner normas y límites a los niños de 2 años...


Imagina que tienes de nuevo 2 años. Intenta meterte en la piel de tu hijo. Acaba de descubrir el mundo. Ya puede correr, hacer piruetas... pero el mundo es amplio, es más que amplio... ¡es enorme! Y aparece el miedo. Miedo a no saber en qué dirección ir. Miedo a perder la seguridad que tenía cuando era bebé. Miedo a fracasar. Miedo a tener que hacer todo por sí solo: comer, vestirse...
Si en esta etapa los padres no son capaces de mostrarle los límites, ese sendero que tiene que recorrer para madurar, el niño se sentirá perdido, totalmente desorientado. De ahí la importancia de poner normas y límites a los niños de 2 años, ya que les ofrece seguridad. Pero... ¿cómo hacerlo?

1. Ofrécele tareas en donde se sienta 'mayor'. Por ejemplo, no le des de comer... deja que lo haga él. Y poco a poco, deja también que se vista solo. A medida que gane en autonomía, se sentirá más seguro de sí mismo.

2. Marca las tareas que aún no puede hacer. A la vez que le dejas hacer tareas que para él supongan un logro, explícale cuáles no puede hacer todavía: planchar, ir a comprar solo... Así tendrá claro que hay cosas que puede hacer y otras no. Sin embargo, puedes añadir que muy pronto lo podrá hacer.

3. Nunca le grites o te enfrentes a él ante una rabieta. Lo mejor cuando el niño está en pleno sofoco por un capricho, es mejor hablar con él cuando se calme. Es inútil intentar frenar un tornado con una linda palabra o con un grito. Ofrécele cuando se calme tu cariño y comprensión pero no accedas a sus peticiones. Entenderá que en la vida no se puede conseguir todo por un ataque de rabia.

4. Usa normas claras y directas, sin rodeos. Frente a los padres que prefieren 'invitar' a los niños a hacer las cosas... a los dos años, las normas deben ser claras y firmes: 'recoge tu cuarto'; 'Es la hora del baño'. Y no: '¿qué tal si recoges el cuarto?; ¿Te gustaría bañarte ahora?... ¡No! Usa los imperativos, pero de forma cariñosa, sin gritos ni tono amenazante, pero sí firme. Eso sí, puedes ir anticipando lo que va a tener que hacer, para que el cambio no le pille de improviso. Por ejemplo: 'te queda un ratito de juego y en seguida recoges'.

5. Usa el No. Hazlo por él. El No, claro y sin explicaciones adicionales. Esto no se hace, esto sí.

6. Ayúdale a reconocer sus emociones. Para un niño pequeño no es fácil reconocer que siente ira, tristeza o miedo. Educa su inteligencia emocional y explícale por qué se siente de esa manera.

7. No uses las mismas armas que usa él. Tú eres el adulto. No le grites ni amenaces, porque entonces no entenderá por qué tú puedes hacerlo y él no y no harás más que crear confusión.

8. No le hagas sentir culpable. Sí, tiene una rabieta... ¿es tan malo? Aún está aprendiendo a manejar su ira y su frustración. Él no es culpable, ni nadie. Es un proceso madurativo, así que no se te ocurra decirle cosas como 'eres muy malo' o ' nunca aprenderás'.

9. Usa palabras positivas. En lugar de hablar de lo 'desordenada' que tiene la habitación, habla de 'lo bonita que estaría ordenada'. Recuerda, siempre en positivo.

10. La rutina le da seguridad. Sí, aunque te parezca poco importante, imponer ciertos horarios y rutinas, ayudan a imponer límites y normas en su vida y a que se sienta más seguro.